Incidencias en obra: registrarlas para que se resuelvan (y no vuelvan)
La incidencia que no se apunta se repite. La que se apunta con foto, responsable y fecha, se cierra.
Una filtración en el sótano, un cristal roto en la descarga, una rozas que se cruzó una instalación. Las incidencias son el pan de cada día de cualquier obra — el problema no es tenerlas, es el ciclo de vida que llevan: se comentan en el tajo, se prometen para el viernes, y tres semanas después siguen ahí. O peor: se arreglaron, pero nadie sabe quién, cuándo ni a cargo de quién.
El registro mínimo de una incidencia
Para que una incidencia se pueda gestionar (y defender después), necesita cinco datos desde el minuto uno:
- Qué ha pasado, en concreto.
- Dónde — obra y zona.
- Foto del momento. Una incidencia sin foto es una opinión.
- A quién le toca resolverla — la sub, el suministrador, el equipo propio.
- Para cuándo — sin fecha, "se hará" significa "no se hará".
El ciclo de vida: abierta → en curso → cerrada
- La incidencia abierta aparece en la lista de pendientes de alguien, no en la memoria de todos.
- Los avisos la mantienen viva: si pasa su fecha sin cerrarse, sube el tono.
- Al cerrarla: foto del después y una línea de cómo se resolvió. El par antes/después es la mejor documentación posible si el tema resucita.
El segundo nivel: los patrones
Con registro continuo aparece algo que la memoria no ve: la repetición. La tercera vez que una máquina pierde aceite, la cuarta rozas que se cruza con fontanería, el mismo proveedor que falla dos lunes seguidos. Detectar el patrón convierte diez incidencias sueltas en una decisión: cambiar la máquina, coordinar las instalaciones, hablar con el proveedor.
Cómo lo hace Cota
En IACota, registrar una incidencia es mandarle a Cota la foto con un audio: "filtración en el sótano dos, junto al ascensor — que venga el impermeabilizador". Ella la apunta con su obra, zona y responsable, la sigue hasta que se cierra, y además detecta patrones: si algo se repite, te lo dice ella antes de que lo veas tú.